La emoción del riesgo

Hace poco estuvimos en un parque temático, casi todas las atracciones que escogimos, son de emociones extremas. Montañas rusas, simuladores, algo tenebroso. Qué hay en esas aventuras que todas tienen largas filas de espera? Inclusive hay largas filas para la primera línea donde todo es más intenso. Mi respuesta sin grandes averiguaciones es que nacimos para la aventura, con solamente ver la cara de descubrimiento de los bebés a los sabores, a las formas, a la adrenalina de caminar y ser autónomos; no hay casi nada que implique aventura que no nos llame profundamente la atención. Claro, como en todo, hay un lado positivo y uno negativo; la misma adrenalina que nos hace emprender empresas e inclusive decidir casarnos; nos hace apostar por nuestra vida en muchas formas. Sin embargo; a nuestra vida le falta adrenalina, es parte del plan de cada día, hay que imponerse un reto, una disciplina, superar un obstáculo, no es siempre fácil; con el reto viene también el fracaso. Hay retos que no se notan mucho y que no sentimos como cosas extremas, únicamente incomodidad, no se pueden publicar y en general casi nadie se da cuenta de la terrible prueba que estamos pasando: No se nota cuando mamá o papá se levantan más temprano para dejar los almuerzos listos; no se nota cuando pasamos alguna frase ofensiva y preferimos no responder; no se nota cuando perdonamos en silencio; muchas veces parece que no se notara cuando decimos lo siento (una de las expresiones que contiene más adrenalina en el mundo) No se nota cuando a pesar de la frustración de muchos sueños personales seguimos adelante desarrollando un talento que tratamos de esconder para que no doliera tanto. No se nota cuando tapamos con una cobija a nuestra pareja que quedó rendida luego de un día intenso. No se notan muchas cosas que requieren la aventura de decidir ser valiente y enfrentar las montañas rusas internas y externas de cada día.

No hay que ir a un parque para saber que somos capaces de enfrentar aventuras. Estuvimos muy felices distrayendo nuestras batallas, esas por las que nunca gritamos, subidos para gritar a todo pulmón en la montaña rusa.

6 cosas para quitar de tu vida (Jay Shetty)

Hoy les quiero compartir algo que no es de mi autoría pero lo quise escribir y traducir porque me pareció un recordatorio importante para todos nosotros.

No todo lo que dejas es una pérdida, a veces tenemos  que dejar ir las cosas que nos están matando, inclusive sin sentimos que morimos al dejarlas. Una vez dejamos lo viejo, creamos espacio para lo nuevo.

  1. Empecemos por quitar la culpa. La culpa es para el espíritu lo que el dolor es para el cuerpo. Los errores son siempre perdonables si tenemos el suficiente coraje para admitirlos. Recuerda que la mejor forma de pedir perdón es cambiando nuestro comportamiento errado.
  2. Es tiempo de quitar las excusas. Las excusas son mentiras que nos decimos a nosotros mismos para evitar tener que pensar que algo es error nuestro.
  3. Es tiempo de remover los amigos negativos.  Literalmente no tienes que ser amigo de alguien que no te apoya y baja tu energía, está bien empezar a alejarte de personas que no crecen. Es preferible dejar a algunas personas en el pasado sin importar que sea duro el hecho de que no estén en tu presente.
  4. Es tiempo de dejar la ansiedad. La ansiedad es como sentarse en una mecedora, te da algo que hacer pero no te lleva a ningún lado. Pensar demasiado te daña y arruina la forma en que ves las situaciones, tuerce la perspectiva alrededor, te hace preocupar y hace todo peor de lo que realmente es.
  5. Elimina la deseo de complacer a todo el mundo. Nos perdemos a nosotros mismos tratando de complacer a todos los demás y luego los perdemos a todos tratando de recuperarnos nosotros mismos.
  6. Es tiempo de eliminar el monólogo negativo. Nos definimos por las historias que nos contamos nosotros mismos todos los días, momento a momento. No soy lo suficientemente bueno, lo bueno no es para mi.

Reconoce cuando una fase, un trabajo, una etapa de vida o relación se ha acabado y déjala ir. Continuar hacia adelante no tiene que ser un evento dramático, puedes simplemente escoger seguir adelante con paz y claridad.

Nunca te saques de la ecuación, porque no importa lo que pase nada se sumará sin ti.

Demasiado bueno para ser verdad

De pronto nos dimos cuenta de que nos habíamos ganado la mejor de las loterías, después de casi 30 años de matrimonio, con muchas crisis, subidas y bajadas, estamos juntos, nos queremos tal y cómo somos. Nuestras expectativas son basadas en una realidad que decidimos aceptar todos los días, por eso nos sorprendemos y agradecemos cada día. No es de todo el tiempo, no es de todos los días pero por algún milagro del cielo, o más bien por pequeños milagros cotidianos, decidimos continuar aunque a veces sintamos que algo se rompe adentro, aunque no nos aguantemos ni a nosotros mismos, aunque la frustración nos diga muchas veces que podía ser más… Es una mentira, es justo cómo tiene que ser para que nosotros nos hagamos una mejor versión de nosotros mismos. El miedo nos grita que no es posible, la ansiedad nos quiere dictar sus tiempos, la duda se cuela helada en las venas y quiere arrancar la rueda nuevamente, pero la decisión de seguir, ver lo mejor y disfrutar aprendiendo de lo que no consideraríamos tan bueno, es lo que realmente vale. Ha valido la pena y lo seguirá haciendo, no soñamos con príncipes y princesas azules de aguantar la respiración. Decidimos amarnos con todas nuestras “malas desiciones” aceptando los resultados que nos harán virar el camino. Pero por encima de nosotros la mano maestra de Dios está haciendo mejores naves en cada tormenta, así aprendimos que lo grave no es tan grave, que siempre hay una decisión de salir o entrar a confrontar y que es así donde la experiencia se hace más real, vibrante y valiosa. Estamos agradecidos por la gracia, lo nuestro ha sido sólo aferrarnos a un mástil fuerte que le de dirección a nuestras vidas. No la conocemos; sólo vamos impulsados por vientos que nos llevan donde nosotros nunca hubiéramos podido navegar solos. Quién lleva el timón de tu matrimonio?

La imagen versus la realidad

Hay un ejercicio artístico que consiste en hacer un auto retrato, para hacerlo, hay que tener una imagen personal: saber la forma de el óvalo de la cara, los ojos, las cejas, la nariz; o simplemente abstraerlo a algo no tan similar pero que sería el retrato hablado de uno mismo. Otro ejercicio que lo complementa consiste en pintar la imagen que ve el espejo; la sorpresa es que las imágenes no coinciden.  No son iguales por extraño que parezca, lo que ve el espejo, es la sombra de lo que somos. Puede ser hermoso pero el espejo tiene una imagen vacía. Es sólo el reflejo porque no puede interpretar el espíritu que le da vida. No somos el reflejo, no somos la imagen, no somos lo que se ve. Somos lo que no se ve, lo que trasciende no se puede reflejar en una imagen. A veces le ponemos tanta atención a lo que se ve.  Ni siquiera nos preguntamos que diferencia hay entre lo que soy y lo que aparento porque no sabemos que hay una diferencia. Cuidamos más la imagen que otros quieren tener de nosotros que realmente no nos preocuparnos en construir un espíritu que lleve una imagen con ligereza. La imagen y lo que otros decretaron sobre nosotros nos aplasta y a veces no tenemos el valor de revelarnos a nosotros mismos por miedo a la desaprobación y al juicio. Paralelamente hay fuerzas que nos moldean, presiones que nos parten y luces que nos construyen sobre bases sólidas; sin embargo hay tanto ruido que no podemos distinguir. Nuestra imagen se sobrepone a quienes realmente somos y así perdemos la identidad. Creemos que somos lo que otros dicen de nosotros y no vamos a la fuente creadora para encontrar el sendero claro que llena nuestros sueños con un propósito más grande que nosotros mismos. ¿Estaríamos dispuestos a retar a nuestra imagen para reconstruir nuestra realidad?

Lavar

Ayer llovió en casa, se fue la luz, se escuchaba como si el río Magdalena pasara por el huerto, el agua se lleva muchas cosas, fue un poco incierto ya que esta oscuro y acá esa palabra tiene la connotación que sólo los que vivimos en el campo reconocemos, oscuro significa negro. Sin embargo hoy nos levantamos temprano a ver los daños que pudo haber dejado el agua, el lago desbordado, el huerto un poco lavado pero las planticas están bien, el aire más limpio que de costumbre y la sensación de haber sobrevivido al torrencial aguacero. De alguna forma la lluvia nos limpia, lava la tierra, se lleva muchas cosas que tal vez apreciamos pero de cuando en cuando es necesario, lavar; como lavar el corazón sacar basuras que han empozado pequeñas crueldades a las que estamos acostumbrados no las obvias que todos señalamos claramente,  las otras, las que hablan mal de las personas e inventan motivos para atacar, las que sueltan un pequeño comentario que sabemos que hiere y luego viene una rápida retirada esperando que nadie más hubiera escuchado nuestra verdadera oscuridad; esa maldad cotidiana y pobre que le falta coraje para confrontarse así misma y se dedica a atacar por debajo de la mesa. Del otro lado lavar los dolores viejos que se vuelven intocables y oxidan los pensamientos, lavar los miedos que nos ganan y nos amordazan la vida. Lavar nuestras verdades tercas que se niegan a apreciar otros puntos de vista que no sean los nuestros.  El agua cuando cae muy fuerte desmorona y arrastra, seguro, si le preguntaremos a la tierra sobre su experiencia diría que debe construir nuevamente sobre lo que ya no está, que tiene una oportunidad para crear una mejor versión de si misma y que ya está trabajando en eso.