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¿De dónde viene tu sentido de injusticia?

Una vez leí que Will Smith dijo que todos querían ser famosos pero no querían hacer lo necesario para serlo. Esa frase por alguna razón me quedó grabada, vemos con esos ojos envidiosos y con un subterfugio sentir de injusticia cuando los demás triunfan en los negocios, se mantienen saludables, tienen relaciones sanas o tienen un perrito para jugar. Una visión cerrada no considera que tal vez todo tiene un esfuerzo oculto. El que triunfa posiblemente ha sido disciplinado, constante y ha alimentado su visión y conocimiento; el que se mantiene saludable, generalmente decide que debe descansar, alimentarse bien, hacer ejercicio y cuidar su mente y cuerpo; el que tiene relaciones saludables, tal vez tiene como prioridad a su pareja, llama a sus amigos, los invita a casa, se interesa por su vida, escucha y está presente; el que tiene un perrito que lo acompaña tiene la disposición para alimentarlo a las horas adecuadas, sacarlo a pasear, enseñarlo, llevarlo al veterinario y darle cariño.

Queremos los resultados de otros pero no queremos hacer lo necesario, nada aparece de la nada; inclusive la envidia que muchas veces es el fruto de la pereza por no querer hacer lo que corresponde para alcanzar las pequeñas o las grandes metas y hazañas de todos los días y esforzarnos por alguien mas fuera de nuestra piel. 

¿De dónde viene tu sentido de injusticia? Será que está escondido en la avaricia de lo fácil, o será que de la falta de interés que nos llena de llagas por estar sentados en medio de la victimización. Quieres ser parte de la solución o de la vida? A trabajar por otros con amor.

Qué tal si…

Mirar al cielo reposando tranquilamente en la hierba

Desde hace poco tengo extraños dejavú, pero no son de lo que vivi antes, son de lo que no vivi, son de lo que dejé pasar, de las oportunidades que deje escapar, de los si en los que dije no, de los vamos en los que decidí quedarme, de tantas ocasiones que tuve para entregar algo y decidí quedármelo, en los abrazos que no di, en las veces que no salté o bailé porque no coincidía con la imagen que debo proyectar, los juegos con mis hijos pequeños que nunca jugué, de los charcos en los que no salté, del tiempo de mirar al cielo reposando tranquilamente en la hierba sin pensar en nada, en los helados que no compartí por pensar en la figura, en el tiempo que no volverá; en los que no exploté en el exquisito aroma de la vida. 

Pero qué tal si de ahora en adelante no dejara pasar nada, no dejara la oportunidad de vivir; correr detrás de los perros, escuchar música y bailar por la simple alegría de hacerlo; así, sin más, sin excusas; compartir el tiempo presente con amigos y sin teléfonos, sin Instagram, sin Twitter etc. Soltando el agobio de ser la persona de mostrar. ¿Cómo cambiaría la vida?, me pregunto si tengo en valor de ser sin pretender, de aceptar que el pequeño ser que me habita quiere seguir riendo a carcajadas, soñando despierto, saboreando cada instante del eterno ahora. 

Morir de Amor

Si me dejas me muero

Las canciones románticas y algunas no tanto, hacen referencia a los grandes amores que no pueden hallar la felicidad más que a través de la correspondencia de su amor, frases como: mi vida no tiene sentido sin ti, ¿Para qué vivir sin ti?, estoy vacío/a sin ti, nada tiene sentido si no me amas y la más famosa, SI ME DEJAS ME MUERO; más que declaraciones de un sentimiento puro hacia el otro son amenazas a la relación. ¿Cómo podremos amenazar la supervivencia de otro ser humano? Peor aún si ya habíamos hablado o al menos yo entendí que tú me harías feliz y que esa fue la promesa.

El verdadero amor no puede ser un chantaje, nunca te comprometas con alguien que muera de amor por ti y tampoco mueras de amor por alguien, ese tipo de amor es egoísta y sobre todo es irreal; si tu no estás completo, nadie te va  a completar, nadie llenará tus vacíos, nadie hará de ti una persona feliz, esa es una tarea personal, entregar la responsabilidad de mi existencia a alguien más que supuestamente amo, es condicionar el amor a un contrato injusto; el amor se cultiva con actos de cada día frutos de una decisión de entregar lo mejor de mí, así no reciba nada a cambio, eso crea felicidad, pero no basada en la recompensa que vendrá con eso, ya que puede no llegar como lo espero, puede que el otro no lo note, puede que lo de por hecho. Si necesitas que te digan siempre lo fantástico que eres porque estás tan enamorado, no estás tan enamorado, el verdadero amor se olvida del ego hambriento y da por el simple placer de dar.

No hagas de tu relación un chantaje, no amenaces con morir de amor ni permitas que tu pareja te diga que muere por ti; ahí no hay libertad, no hay elección, no hay amor verdadero. Nunca podrás completar a alguien que no se esfuerce y se ame para estar completo; nadie te podrá completar para alimentar ese agujero de afecto que te deja hambriento de atención, deberás acudir a un amor más grande, ese que no se deja chantajear ese al que nunca podrás engañar, ese amor del cual emanan todos los demás amores verdaderos hijos de su naturaleza incomprensible, busca en tu interior la verdadera fuente para compartir sin miedo a que alguien muera de amor.

Pequeñas travesías

Cada paso es una pequeña travesía

Grandes obras de la literatura están basadas en aventuras de épicas travesías: La Odisea, 20.000 Leguas de viaje submarino, El señor de los anillos; son travesías de metas grandes en donde los personajes se descubren al enfrentar los retos que se presentan en el camino. En el fondo queremos que lleguen tomando buenas desiciones y que además de aventureros se conviertan en héroes. Rara vez un personaje se convierte en héroe sin pasar por grandes desafíos, sin enfrentar su miedos y decida sobrepasar la tentación de abandonar. 

Hoy en la mañana enfrenté la misma sensación, tendré que pasar el día y llegar a mi meta, tendré que sobreponerme a las tentaciones, tendré que ocuparme de lo cotidiano, tendré que usar mi sentido de disciplina y responsabilidad, superar mis miedos y vencer la pereza. Siempre hay algo “mejor” que hacer, siempre se presenta algo; hay alguien o algo que demanda de mi atención, para ser honesta me cuesta trabajo ser cortes, paciente y tener la disposición para entregar mi valioso tiempo en cosas que no son mi meta del día, son como los monstruos submarinos de Julio Verne, quieren interponerse en mi camino.

A veces me detengo y uso la balanza, a veces tengo que ceder y darme cuenta que hacia dónde yo iba a lograr mi gran meta no es mi destino del día; a veces tengo que detenerme y escuchar, detenerme y descansar, detenerme y volver a empezar alguna labor olvidada hace mucho tiempo y en esa danza de ir y venir; retomar y dejar, construyo mis desiciones, me doy cuenta simplemente que la vida no es como la planeo; es como debe ser; sin embargo la disciplina y la constancia de la nueva meta final me sorprende con su ineludible contundencia, me susurra “La meta es la vida misma”.

La meta es estar presente, poner atención a las señales del cielo que sabe mucho mejor que yo qué parte he de pulir, qué partes he de abandonar y qué definitivamente tengo que reconstruir. Sigo con grandes metas, trabajo arduamente y me tranquiliza saber que no recae en mi conocimiento, capacidades o sabiduría, el amor de la conciencia eterna e infinita de Dios hace las pequeñas zancadillas que salvan mi espíritu de la necesidad de lograr en mis fuerzas lo que para Él es secundario a la meta de abrazar mi corazón. 

Un abrazo en este año que comienza; te invito a poner mucha atención a los “tropiezos” pueden ser mas importantes que las metas.