Cuando tu sueño te alcanza

¿Quién serás cuando te alcance tu sueño?

Todos tenemos  alguien conocido que sueña casarse y tener una familia. Todos  conocemos a alguien que quiere jubilarse para hacer lo que realmente ama hacer. Todos conocemos a alguien que busca trabajo casi constantemente. Todos conocemos a alguien que sueña comprar una casa para construir su hogar. Todos conocemos a alguien que añora tener dinero para viajar alrededor del mundo.

Ese alguien podemos ser nosotros mismos.

Todos conocemos a alguien que está cansado de su matrimonio y no tener tiempo para sí mismo por cuidar la familia y los hijos. Todos conocemos a alguien que se jubila y lamenta la perdida de su vida laboral porque ya no se acuerda que proyectaba hacer; ya no lo puede hacer, o al hacerlo ya no era lo que esperaba. Todos conocemos a alguien que cuando tiene el trabajo por el cual luchó se siente explotado, mal remunerado y sin tiempo para vivir. Todos conocemos a alguien que compró su casa y se queja de los altos costos de mantenimiento y de los impuestos. Todos conocemos a alguien que ha viajado por todo el mundo sólo para descubrir que su hogar es el mejor sitio, que su soledad la lleva a todas partes y que no hay lugar que reemplace la mesa con chocolate caliente de la tía Clarita. 

Todos conocemos a alguien que decide ver a sus sueños cumplidos como una carga idealizando situaciones pasadas para poder mantener el lamento de su vida. ¿Conoces a alguien?

Una piedra en mi zapato

Si es necesario, bota el zapato.

¿Quién no ha tenido que sufrir una piedrecita en el zapato? Generalmente son un poco mayores que un grano de arena pero se sienten como si fueran las pirámides de Egipto, ahí es cuando lo subjetivo de las compariciones cobra realidad. Si tenemos modo de hacerlo solo la sacaremos, pero hay unas piedras que parecen tener vida propia, se atascan en la plantilla o el bordecito de la etiqueta de la bota y  al ponernos nuevamente el zapato reaparecen; se ríen de nosotros, unas piedras están hechas de roca, arena, tierra, amargura, falta de estima, tristeza aguda, envidia y dolor, entre otras materias primas. Lo grave con estas últimas es que para ellas nunca servirá sacudir el zapato, habrá que sacudir el alma. Generalmente estas piedras forman heridas que se hacen llagas y perforan las relaciones de todo tipo; en el caso de las parejas pueden matar una relación.

Si, mi inseguridad puede matar la alegría de mi pareja, mi soberbia, puede matar el amor tranquilo, mi irresponsabilidad puede hundir la barca que construimos para que remáramos juntos. Pero ¿Cómo se saca una piedra del zapato? Si es necesario botemos el zapato, ese que nos da posición, ese que nos define, ese sobre el cual sustentamos toda la vida… Hay que matar el zapato para no matar al caminante. Seamos valientes y capaces de tumbar muchas de nuestras “verdades” no hay otra forma de cambiar, tendremos que confrontarnos con nuestras posiciones acostumbradas para ver lo incómodas que han sido; tal vez confundimos cotidianidad con comodidad. Sacar la piedra del zapato dará al fin alivio y traerá libertad en los oscuros rincones de nuestras mentiras.

Hagámonos un favor; si no podemos encontrar la piedra, botemos el zapato, andar descalzo es una muy buena opción para aprender a caminar nuevamente.

Te lo debo a ti.

Walt Disney y su hermano Roy

Cada vez que alguien gana una competencia gana un premio o alcanza una meta, le da las gracias a muchas personas: A mis patrocinadores, a  mi familia, a mis amigos, a mi pareja, a Dios.

Necesitamos de otros para lograr sueños, no es raro escuchar a personas contar que se encontraron con alguien que creyó y se involucro en el sueño, ese alguien puede no llevarse los aplausos de la prensa o los clientes; ese alguien tiene una vida, tiene sus propios sueños, sin embargo saca tiempo, esfuerzo, recursos y apoyo para que el sueño de otro se cumpla. Hoy quiero hacerle un homenaje a esos otros que permiten dejar de un lado su afán de protagonismo y arriesgarse a creer. Esos otros muchas veces no dan de lo que sobra, dan de los que ellos no tienen, lo consiguen para lograr que el sueño sea una realidad. ¿Qué los mueve? Creo que el amor, es un gran motor, son alcanzados por la inspiración de los soñadores que los contagia, son privilegiados en ser parte de un propósito mayor. Los casos son muchos: Walt Disney no hubiera logrado nada sin su hermano Roy Disney, Los hermanos Wright, Steve Wosniak y Steve Jobs la lista es interminable.

Seguramente cada uno de nosotros tiene una historia que contar al respecto. Apoyar el sueño de otros es un acto de amor, no hay que dejar de lado los nuestros de ninguna manera, a veces una palabra de aliento y fe es lo único que nos sostiene, todos los soñadores pasamos crisis; cuando con el tiempo los que persisten alcanzan sus metas tienen una lista de agradecimientos que solamente recordará aquel que las recibió, es una tímida sonrisa, es un calorcito en el corazón; recuerdos maravillosos donde inyectamos entusiasmo a la pasión. Seguro tu ya tienes una larga lista, que tal si empiezas a dar los agradecimientos.

30 años

30 años

Hoy estamos cumpliendo 30 años de casados, nunca nos imaginamos que el matrimonio fuera como es. Una aventura desorganizada y perfecta en donde la sombra que proyectamos no es del cuerpo, es del alma. No hay máscaras, no hay donde esconderse de nuestros miedos,  siempre hay con quien celebrar la vida, tomar una copa de vino, caminar por ahí sin tener que decir ni una palabra. Quitarnos la ropa del cuerpo y la del alma sin esconder de nosotros absolutamente nada. Que descubrimiento más lindo aprender a pensar en cómo lograr que nuestra pareja se lleve el pedazo más grande del pastel, los créditos por la cena, los aplausos por cada logro. La dicha de esconderse detrás de la cortina y husmear como nuestro amor hace florecer su vida.  Si mutuamente aplicamos esta fórmula aprovechamos la oportunidad de crecer y entregar para ser libres de lo que nuestro orgullo exigiría. Es un muy buen truco decidir quiérale el poder al ego y entregar con cariño sin esperar. La recompensa llega, les seguro que llega. 

El canto del gallo

Las personas que vivimos en el campo estamos familiarizadas con el canto de los gallos, que aunque todos creamos que es así, no siempre cantan solo en la mañana, a veces a horas que ninguno se imaginaría, entones  nos preguntamos; ¿Qué hace este gallo cantando a esta hora?.  Al parecer siempre esperamos que las cosas sucedan cuando esperamos que sucedan pero no es así, esperamos tener una vida sin sobresaltos, es decir: el gallo cantará al amanecer, entonces yo me levantaré la baño, despertaré a la familia, haré el desayuno etc., cada cual según sus rutinas. Algo más general: Termino mis estudios, trabajo, hago un capital, me caso, tengo hijos me jubilo y termino de alguna manera con subidas y bajadas acordes a mis decisiones. Pero la vida no es así. Así cante el gallo en las mañanas, también puede ser que lo haga con un canto diferente al que espero escuchar: mi vida puede no ser sana, puede ser extremadamente ocupada, puede ser financieramente productiva, me puedo meter en malos y buenos negocios, puedo casarme una, tres, cinco o ninguna vez. Puedo hablar muchos idiomas o haber perdido las cuerdas vocales por una enfermedad, puedo ser maestro o astronauta y de las dos formas llegar a donde nadie ha llegado. Ninguna de nuestras vidas es cómo pensamos que sería, no lo serán las vidas de las personas que amamos y así sabremos que estamos vivos. A veces puede ser tan fuerte nuestra necesidad del seguridad y aprobación que sacrificamos nuestros sueños y como gallos del común cantaremos al amanecer aunque nuestro corazón quiera cantarle a las estrellas.