Pesadilla antes de navidad

La navidad era algo que añoraba de niña, las luces, la decoración y la anticipación por el único juguete que recibiría. Finalmente nada era mi responsabilidad; yo era sujeto de lo que los adultos decidieran por mi. Al crecer poco a poco se hizo mi responsabilidad, ya debía ayudar con los adornos y era divertido, debía pensar en regalos para otros, generalmente hechos por mi, eso me generaba una terrible ansiedad, en mi mente pensaba “y si no le gusta?” era otra expresión para “Y si no soy suficiente?”. Finalmente los padres son  benévolos en general y aunque no saltaran de gozo hacían su mejor esfuerzo, entre tantas ocupaciones mamá colgaba el cuadro, adorno o velita sobre una muy cuestionable base hecha con el cartón del rollo de papel higiénico. Al ir creciendo debo confesar que creció la ansiedad, ya  no eran sólo los regalos que de repente se volvieron un montón, eran también los amigos y sus fastuosas atuendos y la comparación de la cena para algunos un poco exagerada y para otros más frugal, luego llega el matrimonio; felizmente pasaríamos nuestra primera navidad como familia, empieza con la frase: La navidad en tu casa y año nuevo en la mía, refiriéndonos a las casas de nuestros padres. Ahí empiezan los dolores del desapego por parte de todos. En una casa era tamal y en la otra pavo y cada uno añora lo que define como navidad; los choques culturales se hacen más evidentes y a la vez enriquecen la nueva familia. Los comentarios desafortunados o emotivos salen a las luz luego de algunos brindis de más y en otras familias no beben más que jugo de mora, hay casas donde cada uno lleva regalos sólo para los niños, otros para todos y otros se enferman repentinamente porque no pueden entrar en la competencia de regalos únicos, costosos y emocionales. Originalmente, la navidad es la celebración del nacimiento de Jesucristo; en algún momento llegaron los reyes magos que le llevaron regalos al niño y de ahí el tema de los regalos que se celebra el 6 de enero, pero alguien planto a San Nicolas en la escena y poco a poco olvidamos al niño que vino sin nada, que no trajo más que regalos que no se pueden envolver pero que lo valen todo. La navidad es ahora una pesadilla de multitudes en centros comerciales y largas facturas que habrá que pagar por meses gracias a Visa y Master Card. Lo que trajo el pequeñín hace más de 2000 años es lo que tratamos de celebrar pero se nos olvida, es tan poderoso que pone en jaque toda la sociedad que replantea nuestra razón de existir, nos revuelve el mundo que hicimos a nuestra imagen y semejanza para aceptar el mundo que El creo a la suya. En fin. Toda esta historia viene a que cada uno de nosotros tiene una relación personal y emocional con la navidad, inclusive si no creemos en Jesús, la navidad lo cubre todo al final del año. Tendremos que hacer concesiones, tendremos que perdonar muchas cosas, doblegar el orgullo y valorar lo pequeño si realmente queremos encontrarnos en navidad con las personas, tendremos que hacer pequeños y grandes sacrificios, hasta dejar ir a los que más queremos para que pasen navidad con otras familias, tendremos que quedarnos solos pero con el corazón agradecido porque se expande a través de otros que llevaran su pedacito de hogar donde quiera que vayan. En esta navidad extraño mucho a muchos que ya no están, mis padres y sus fastuosas navidades corromboyacas, la mesa exquisita que ponía mi mamá, mis hermanos, amigos que se han ido, hijos lejos. A la vez, tengo la oportunidad de agradecer nuevas personas y verme al espejo con muchos sueños alcanzados y muchas transformaciones que no imaginé. Si, la navidad nos pone sensibles. Destapemos los regalos que trajo el niño en el pesebre. Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes El se complace. Lucas 2:14. Feliz navidad queridos lectores.

Cuando no hay cosecha

Esa que sale en la foto es la cosecha de lamentables brócolis de nuestro huerto, yo sé, puede dar risa y hasta lástima; la verdad eran unas plantas enormes llenas de hojas con lamentables frutos.

Antes había sembrado brócolis, los resultados fueron similares y por alguna razón pensé que esta vez iba a ser diferente. Estos los tengo desde la semilla esa es la versión agricultora de “a ti te cambié los pañales”, pensé que tendríamos una relación diferente. Pero no fue así, eso sólo me lástima más. La verdad tengo que admitir que no quería aceptar que en el lugar donde está el huerto no se dan brócolis, se dan otras cosas, pero la tierra de esa área en particular es muy ácida, leí algunos artículos acerca para mejorar pero nunca los apliqué.

Últimamente he escuchado de algunas parejas que se separan, (bueno la verdad no es últimamente, es muy frecuente) y hoy mis brócolis me hicieron recordarlas. Siempre pienso cosas como “Si hubieran pedido ayuda esto…” pero hoy pensé que tal vez simplemente no se da, como mis brócolis. Hay incompatibilidad de caracteres o de química o nunca fue ese el terreno apto para esa siembra aunque se empeñaran como yo en pensar que eso cambia así solito.  Sin embargo debo admitir que deje el huerto solo, estaba muy emocionada de ver que las semillas germinaban pero luego de rociarlas todos los días y ver sus frágiles hojitas, lo abone y trasplante pero lo deje sólo. Tenía mucho trabajo para estar pendiente del huerto, me dolía, la espalda, no había comprado abono… Son interminables las excusas y creo que hasta válidas, pero eso afecto las plantas, tuvieron que competir con la maleza por luz y sacaron más hojas; casi se ahogan de tanta agua y luego las deje secar, ellas hicieron lo que pudieron, al fin y al cabo el huerto es mi responsabilidad.  A diferencia de la relación entre agricultor y planta; en las parejas ambos tenemos los dos papeles, somos la planta y el agricultor, la responsabilidad es de ambos, probablemente las plantas son más nobles, ellas se quedarán hasta la muerte si es necesario, no tienen alternativa; en la pareja podemos ir muriendo los dos sin la más remota intensión de pedir abono, poda o una que otra palabra de aliento. Sin agua, sin sol escuchando todas las opiniones alrededor, leyendo algunos artículos y libros que no harán nada por si solos. Yo tenía que abonar, podar y cuidar y no lo hice.  Me pude equivocar en el suelo para esa siembra, la insistencia en sembrar lo que no se da hasta se podría vencer. Si, sería mucho trabajo pero siempre tendré la opción de la duda o de vestirme de la mejor intensión para intentarlo cada día invirtiendo hasta lo que no tengo. A lo mejor me sorprendo.

Miedo al espejo

La sensación en un probador de ropa puede ser impactante, dejando de lado si nos vemos bonitos o feos a nuestros ojos; generalmente tenemos una idea de nuestra imagen que no coincide con lo que vemos reflejado en los tres espejos del vestidor. Casi siempre nos vemos de un solo ángulo, nuestro perfil es una verdadera sorpresa y si hacemos caras y posiciones diferentes es casi un shock para el cerebro. Tenemos una imagen de nosotros mismos que muchas veces no coincide con la realidad, es impactante ver otras facetas de nuestro cuerpo y eso sin tener en cuenta los reflejos de nuestra personalidad. En muchas ocasiones, las relaciones suelen ser el reflejo de esas facetas que desconocemos de nuestra personalidad y nos sorprendemos de los resultados. Curiosamente a diferencia del espejo, negamos lo que es evidente en el contexto de nuestras relaciones, es como decir que ese espejo está dañado, que yo no soy esa persona que se refleja de esa forma no siempre tan atractiva en las relaciones con los otros.  Qué estas reflejando en tu pareja y tus hijos, tus amigos, vecinos y padres? Si, tal vez ese perfil no es el de subir a Facebook pero es con el cual hay que confrontarse, ese es el que nos puede dar indicios reales de facetas que a lo mejor no nos gustan tanto y descubrir fortalezas maravillosas que tal vez no hemos visto reflejadas en nuestra vida de forma consiente.  No le tengamos miedo al espejo, aprendamos de él.

Estemos atentos a los reflejos; salen brillos y sombras, se pueden modificar con humildad, conciencia y gratitud.

Una invitación a bailar

Ha llovido estos días como hacía rato no veíamos llover; acá en la montaña donde queda Aleste todo se percibe muy diferente, si estamos más de una semana sin lluvia se siente en todo, hasta el ánimo baja, está todo seco en un abrir y cerrar de ojos y aunque el cielo esté azul arrastramos los pies en medio de la añoranza del repiqueteo de la lluvia. Lo que es maravilloso para unos es una tragedia para otros, cuando vivíamos en Bogotá la lluvia era la enemiga, se une fácilmente a los trancones y la tristeza; en el campo la lluvia no cae, canta.  Canta acerca de la vida que trae un palpitar emocionante para la tierra.  A nuestro corazón se ha unido la desbordante lluvia que todo lo cubre, es una apasionada que no se deja atrapar fácilmente, se disfraza de gris pero realmente es verde, pareciera golpear pero acaricia; canta coplas sobre cómo la cubre el sol desde arriba y que sin su abrazo simplemente no habría vida. A veces todo lo que juzgamos pobre, malo o aburrido trae bajo la manga la verdadera vida, te invitamos a dejar la cobardía para forjar acero interior que  saca a relucir los brillos reales del alma.  Nuestro poderoso creador que todo lo sabe, ha dejado lejos de nuestro estrecho juicio las verdaderas bendiciones y volvemos a cantar como las antiguas tribus “Que caiga el agua y me acaricie con su escondida sabiduría”. Hace cuanto no enfrentas las molestias de la lluvia que te hace crecer?, tal vez te está invitando a bailar.

Se acabó el año y no hice nada

Que susto, ya hay árboles de navidad por todas partes, eso me da algo de pánico. Cómo vamos a empezar un nuevo año si no hemos empezado este? no tiene mucho sentido planear sin un trasfondo de renovación. Paren! En este tren que hay en mi mente, acabamos de desarmar el arbolito del año pasado.  Hay años donde sentimos que cumplimos, mejoramos y otros donde avanzamos en la consecución de metas o dejamos algún vicio maligno como comernos las uñas o decir palabrotas. Cuando sencillamente paso el tiempo y nada cambió, podemos estar felices de no haber echado marcha atrás; personalmente siento que sino no voy hacia adelante voy hacia atrás, así no me mueva un centímetro. De qué sirven los propósitos? realmente necesito que sean las 12:00 de 31 de diciembre para tener nuevos sueños y decir que esta vez si… lo que sea? y si decido que eso cambia hoy, si brindo con la más rica limonada y arranco una nueva era personal? ya todo el mundo piensa en vacaciones, acá en Aleste decidimos “Quitar el freno” como diría un querido amigo y empezar antes de que toquen las campanas a hacer la diferencia.

Te propongo llegar al 31 de diciembre con un gran camino recorrido. Aceptas?