Reencuentro

Espero verlas otra vez

Este fin de semana estuve trabajando en un jardín de lirios que tenemos en Aleste, estaba abandonado lleno de malezas y las plantas que sembré ni se veían, habían crecido muy poco y entre tanto pasto no las podía distinguir; fue imposible quitar la maleza como lo hago regularmente, tuve que desenterrarlas, al hacerlo se partieron las raíces; casi las podía escuchar gritar, fue horrible, en mi cabeza solo se escuchaba el abandono en que las había dejado. Teníamos un trato, yo las sembraba y ellas serían lindas y crecerían para alegrar la vista de todos los que se acercaran, ¿Saben que pasó? Al comienzo las visitaba con frecuencia luego me distancié y después se me olvido totalmente que existían, las abandoné, no cumplí mi parte del trato. Yo las abandoné y ahora tuve que romperlas para recuperarlas, tuve que separarlas.

Por qué no se defendieron, hagan algo de por Dios. La maleza me miró triunfante. Sé que quiere volver a ponerlas presas, me preguntó dónde estaba yo mientras se enredaba y asfixiaba sus raíces. Me trate de excusar. Tengo muchas ocupaciones, otras plantas que cuidar y que se ven más, yo también tengo derecho a ser algo más que jardinera, tengo sueños que cumplir, etc. Mis plantas respondieron, al menos en mi corazón. Te hubiéramos acompañado, queríamos ver tus sueños cumplirse, que nos contaras tus hazañas y tus desilusiones, queríamos estar ahí; que nos hablaras mientras alejabas al enemigo que se enredó y nos habló mal de ti, nos dijo que no nos querías, por eso no crecimos, estábamos solas, ¿Para qué sacar flores que nadie iba a ver?. 

Lo más sorprendente fue que al sacar las plantas estaban llenas de hijitos y pude sembrar y poner de su fruto y esfuerzo en muchos lugares de Aleste. 

Toda esta historia me recordó las relaciones humanas. Abandonamos lo que pensamos que nos pertenecía y tomo su camino lejos de lo que esperamos. Creímos que la vida de los demás se queda en pausa por nuestra ausencia pero evidentemente pasan cosas.  

No era lo que yo esperaba, no era lo que planeé, pero no cumplí con mi parte y otra fuerza tomo el lugar que me correspondía. 

En silencio le he pedido perdón, todavía lo estoy reconstruyendo; será todo un proceso pero tengo la esperanza de que con tiempo y esfuerzo recuperaremos nuestra relación. Tendré que tener paciencia con ellas y sacar tiempo y recursos para ayudarlas a superar este dolor; espero ver sus flores orgullosas y al viento otra vez. 

Delirantes

Somos entes delirantes y amados

Muchos documentales e informes científicos afirman que el mundo no es como nosotros lo percibimos, es como cada uno lo asimila. Las personas no vemos los mismos colores, no captamos los sonidos de la misma manera, no tenemos la misma capacidad física para apreciar la diferencia entre escalar una montaña y una caminata tranquila a las orillas de un río.

Lo que para algunos de nosotros es una hazaña para otros es el pan de cada día. Pensaba en los sherpas del Himalaya o en los nadadores que pescan en las islas de pacífico. De la misma manera a nivel emocional, las personas tenemos percepciones diferentes de quienes somos, cómo somos percibidos y cómo se desarrolla nuestro entorno. Algunas personas tenemos la idea de que somos amos del universo y otras consideramos que todos al rededor nos ven como poca cosa. No es lo mismo el tamaño de un perro para un niño de dos años que para un adulto; algunos podrían afirmar que el pequeño se asusta por el tamaño de sus dientes y que para una persona pequeña un perro puede ser gigante; sin embargo los niños en general no temen muchas cosas hasta que les enseñamos a temer, es entonces cuando ven que el perro puede ser un peligro. La realidad es relativa a las personas que la perciben y expresan en diferentes escenarios de su vida. Los delirios de persecución se parecen a los delirios de grandeza; los complejos de culpa a la baja autoestima. El miedo se parece a la ira y el amor se parece a la paz y a la armonía; a la compasión y a la paciencia. Cada una se puede percibir de forma diferente según como hayamos sido construidos.

Estamos llenos de baches, de juicios de valor, de miedos y de defensas, somos entes delirantes que no podemos percibir la realidad global porque miramos todo desde nuestra pequeña ventana construida sobre limitaciones. Por eso nos perdemos y desorientamos, buscamos y retrocedemos. Confiamos en que hay algo mucho más grande que nosotros. Un Dios con una visión amplia de la creación y que en su mapa contempla nuestra hermosa imperfección como parte de su perfecta creación. Todo esto es una llamada a la armonía. Es verdad, otros no tienen la razón pero probablemente nosotros tampoco. Respetar los caminos y participar en los vidas de otros con amor podría ser un antídoto a la irrealidad colectiva. Ama sin esperar, ama porque te hace bien, ama por que la otra opción es el miedo y el miedo enceguese el alma. 

Mutar

Mudar o cambiar el aspecto, la naturaleza, el estado, etc. de una persona, un animal o una cosa.

Cuando los resultados nos decepcionan pasamos por crisis. Cuando nuestra pareja e hijos son el resultado de la vida y no de nuestra proyección sobre ellos; cuando nuestros amigos ya no son tan buena compañía porque nos hieren con su sola existencia, no soportamos nuestro reflejo en ellos o simplemente porque nos recuerdan nuestro propio fracaso. Cuando todo lo que debía ser perfecto a nuestra imagen y semejanza se convierte en una amenaza a nuestro ego, a nuestra permanencia o a las verdades que siempre defendimos, hay una luz. La Luz del cambio. Tal vez las circunstancias no deban cambiar, tal vez debamos cambiar nosotros frente a ellas; finalmente lo que está en contra nuestra termina estando a nuestro favor, es la única forma que tenemos de encontrar las ventajas de madurar con las experiencias interiores, las que despiertan nuestro sentimientos más fuertes y valores profundos. Podemos ver que llenarnos de juicios nos dejará solos y con arrepentimiento a la hora de dormir.  Gracias a las crisis tenemos la oportunidad de dejar de ser ideales y mutar en personas reales que se confrontan, que abren los ojos y comprenden que la única y última verdad es el amor y sin él solo nos queda darle la bienvenida a las crisis que moldean nuestro corazón. 

Zurcir

Tengo una prenda de esas que uno ama, que nota que la tela se hace más delgada lavada tras lavada, no es nada especial a los ojos de nadie pero no la botaría. Bueno, llegó el doloroso día en que la tela se rompió. ¡NO! Me resistí a aceptar, es perder algo muy querido. Lo lleve a un lugar de esos que arreglan ropa y pregunté con gran preocupación si tenía alguna posibilidad de salvación. Fueron instantes eternos mientras la especialista analizaba la desgastada prenda, alzaba los ojos como cuestionando: ¿De verdad quiere salvar esto?

Suspiró y finalmente pronunció las palabras mágicas “La vamos a zurcir.”

Queda

¡Que alegría! Había esperanza. Sin embargo quedaba otra pregunta ¿Qué es exactamente zurcir?

Que palabra más extraña es está, encontré varios significados pero me quedo con ese: Unir sutilmente una cosa con otra. Cuando recogí mi vieja prenda casi no encuentro el lugar de los hechos; la habían unido con tanto cuidado que no se notaba para nada la tela rasgada. Me dieron una advertencia, luego de que la tela se desgasta por el uso y el abuso queda propensa a romperse nuevamente. Tendré que modificar algunas conductas para que mi prenda me acompañe por mas tiempo. No pude evitar pensar en todas las otras cosas que usamos y se desgastan, las relaciones, las palabras hirientes, los silencias eternos, la soledad invasiva, los vejámenes con nuestros cuerpos y los abusos al alma; la propia y la ajena. Ese tejido vital se rompe, para repararlo podemos zurcirlo, se necesita atención, delicadeza, paciencia y humildad. Podemos hacer este trabajo con otros y con nosotros mismos, pero ante todo tendremos que modificar la forma en la que usamos las personas y cuidamos las cosas.

¿Será que tienes alguna relación que puedas zurcir?Tal vez estamos a tiempo de aprender el arte ser sastres de almas y unir sutilmente nuestros corazones.

La forma en la que doblamos las medias

Maravillosas y humildes medias

Este tema debería tener un tema de denominación de origen, como le café y el vino. Si hay algo que confirme a las personas que viven juntas que son diferentes y no tienen el mismo origen, es que no doblan las medias de la misma forma. Nada trascendental además de las marcas de productos que se compran en el supermercado, la forma de preparar el chocolate y obviamente quién y cómo se limpia el polvo de la casa; la forma en que doblamos las medias es la señal más importante de aceptación en una familia. “Te voy a enseñar cómo doblamos las medias aquí” es otra forma de decir “eres de los nuestros”. Si tan sólo supiéramos que hay gestos que dicen más que cualquier palabra. Tal vez descubriremos que la forma nuestra dañaba menos las medias, que lavarlas por separado y secarlas en pares es muy dispendioso. Tal vez eso a nadie le importa y no vamos a gastar nuestra valiosa vida en enseñar y aprender cómo se dobla un humilde y simple par de medias. 

Las medias son cálidas, son intimas, no tienen ninguna amenaza oculta, nos dicen que estamos en confianza y que hay un cajón para ellas en todos los hogares, el cajón de las medias es personal, puedo meter la mano con confianza, nada va a atacar, ni a morder. Son solo medias de lana, de algodón, son suaves y maravillosas. De hecho algunos nos quedamos algún tiempo en los aparadores de medias explorando la posibilidad de integrarlas a la familia. Las medias son un regalo cercano, no preguntan mucho sobe la talla, el color de piel, la estatura o la etnia, no son costosas y caben en cualquier paquete. De hecho nunca me había preguntado por qué en navidad se cuelgan calcetines para los regalos en algunas culturas. Las medias tienen muchas cosas que me gustaría añadir a mi vida y a mi forma de incluir los corazones en mi bolsa.