La marca que me define

Estuve hace poco en un evento importante donde conocí muchas personas maravillosas. Estuve muy sorprendida de ver el efecto que tiene la apertura de lo que somos y de cómo nos sentimos hacia otras personas. Generalmente en los encuentros que tienen que ver con nuestro trabajo y todo aquello que nos da “posición” estamos tensos y alerta esperando que los demás perciban justo lo que esperamos que capten de nosotros; que compren una idea o una imagen apropiada de quienes somos y qué representamos. Por alguna razón olvide subir mis escudos, no subí las ventanas ni puse una armadura a mi alrededor que brillara lo suficiente para proyectar una luz que no estaría muy segura de proyectar por mis propios medios. El resultado aún me sorprende y alegra, cuando bajo mis escudos puedo escuchar sin estar tensa por lo que debo responder, puedo decir que hay cosas que no se, puedo contarle a otros cuales son mis miedos y lo más importante, otras personas pueden bajar sus armas y escudos soltar la carga y contar lo que esperan, sueñan, sus miedos y sus fortalezas sin querer aparentar, simplemente siendo maravillosos ellos. Te invito a bajar tus escudos más a menudo es la forma de sobrevivir y crecer en compañía, amistad y aprecio en cualquier campo. Con tu familia, con tus colegas, amigos y hasta competidores. Abre la puerta te sorprenderás de lo que puede entrar y puede salir.

Ocupar

No sé si cuando algo está vacío está desocupado. Hoy estaba viendo los cajones, había que limpiarlos y para eso hay que desocuparlos, de repente me hice consiente de su importancia, su tamaño y sobre todo de sus posibilidades, no tenía ya la obligación de ser utilizados para lo que había sido usados antes. Al sacar las cosas vi que la mitad no servían realmente, no recuerdo la razón de haberlas guardado, no sabía para que servían varias, y otras estaba vencidas, ya habían caducado. Me es imposible no hacer un paralelo y revisar el cajón de la vida, creo que está exactamente igual, si lo desocupo un poco podré ver lo inútiles de muchas cosas que sigo guardando como creencias de incapacidad o excusas para no lograr algunas metas; dificultad para relacionarme con cierto tipo de personas o simplemente olvidar mis sueños en un cajón que contiene el oxígeno de la vida. Hay que desocupar para ver posibilidades y hacer espacio a lo que realmente importa, compartir algunos espacios del cajón hará más llevadera la responsabilidad y la falta de humildad que en ocasiones nos impide arreglar el cajón de la vida. Cómo está tu cajón?

Como caído del cielo

Esta es una corta reflexión para el corazón, respondamos estas preguntas.

  • ¿Cómo conocí a mi pareja? Del 1 al 10 que tan factible era que eso pasara.
  • ¿Cómo descubrí que era la persona que adecuada para mi?  Del 1 al 10 que tan a menudo me paso.
  • ¿Cómo construyo/destruyo la relación que tengo en tres acciones diarias?,  ¿Qué tan consiente soy de la construcción?

Te invito a que definas la acción más importante para tau matrimonio hoy. 

Si lo piensas bien tu matrimonio es algo que sucedo como caído del cielo pero requiere de tu puesta en acción para continuar siendo un pedacito de cielo.

Cuando tu sueño te alcanza

¿Quién serás cuando te alcance tu sueño?

Todos tenemos  alguien conocido que sueña casarse y tener una familia. Todos  conocemos a alguien que quiere jubilarse para hacer lo que realmente ama hacer. Todos conocemos a alguien que busca trabajo casi constantemente. Todos conocemos a alguien que sueña comprar una casa para construir su hogar. Todos conocemos a alguien que añora tener dinero para viajar alrededor del mundo.

Ese alguien podemos ser nosotros mismos.

Todos conocemos a alguien que está cansado de su matrimonio y no tener tiempo para sí mismo por cuidar la familia y los hijos. Todos conocemos a alguien que se jubila y lamenta la perdida de su vida laboral porque ya no se acuerda que proyectaba hacer; ya no lo puede hacer, o al hacerlo ya no era lo que esperaba. Todos conocemos a alguien que cuando tiene el trabajo por el cual luchó se siente explotado, mal remunerado y sin tiempo para vivir. Todos conocemos a alguien que compró su casa y se queja de los altos costos de mantenimiento y de los impuestos. Todos conocemos a alguien que ha viajado por todo el mundo sólo para descubrir que su hogar es el mejor sitio, que su soledad la lleva a todas partes y que no hay lugar que reemplace la mesa con chocolate caliente de la tía Clarita. 

Todos conocemos a alguien que decide ver a sus sueños cumplidos como una carga idealizando situaciones pasadas para poder mantener el lamento de su vida. ¿Conoces a alguien?

Una piedra en mi zapato

Si es necesario, bota el zapato.

¿Quién no ha tenido que sufrir una piedrecita en el zapato? Generalmente son un poco mayores que un grano de arena pero se sienten como si fueran las pirámides de Egipto, ahí es cuando lo subjetivo de las compariciones cobra realidad. Si tenemos modo de hacerlo solo la sacaremos, pero hay unas piedras que parecen tener vida propia, se atascan en la plantilla o el bordecito de la etiqueta de la bota y  al ponernos nuevamente el zapato reaparecen; se ríen de nosotros, unas piedras están hechas de roca, arena, tierra, amargura, falta de estima, tristeza aguda, envidia y dolor, entre otras materias primas. Lo grave con estas últimas es que para ellas nunca servirá sacudir el zapato, habrá que sacudir el alma. Generalmente estas piedras forman heridas que se hacen llagas y perforan las relaciones de todo tipo; en el caso de las parejas pueden matar una relación.

Si, mi inseguridad puede matar la alegría de mi pareja, mi soberbia, puede matar el amor tranquilo, mi irresponsabilidad puede hundir la barca que construimos para que remáramos juntos. Pero ¿Cómo se saca una piedra del zapato? Si es necesario botemos el zapato, ese que nos da posición, ese que nos define, ese sobre el cual sustentamos toda la vida… Hay que matar el zapato para no matar al caminante. Seamos valientes y capaces de tumbar muchas de nuestras “verdades” no hay otra forma de cambiar, tendremos que confrontarnos con nuestras posiciones acostumbradas para ver lo incómodas que han sido; tal vez confundimos cotidianidad con comodidad. Sacar la piedra del zapato dará al fin alivio y traerá libertad en los oscuros rincones de nuestras mentiras.

Hagámonos un favor; si no podemos encontrar la piedra, botemos el zapato, andar descalzo es una muy buena opción para aprender a caminar nuevamente.