Cada paso es una pequeña travesía

Grandes obras de la literatura están basadas en aventuras de épicas travesías: La Odisea, 20.000 Leguas de viaje submarino, El señor de los anillos; son travesías de metas grandes en donde los personajes se descubren al enfrentar los retos que se presentan en el camino. En el fondo queremos que lleguen tomando buenas desiciones y que además de aventureros se conviertan en héroes. Rara vez un personaje se convierte en héroe sin pasar por grandes desafíos, sin enfrentar su miedos y decida sobrepasar la tentación de abandonar. 

Hoy en la mañana enfrenté la misma sensación, tendré que pasar el día y llegar a mi meta, tendré que sobreponerme a las tentaciones, tendré que ocuparme de lo cotidiano, tendré que usar mi sentido de disciplina y responsabilidad, superar mis miedos y vencer la pereza. Siempre hay algo “mejor” que hacer, siempre se presenta algo; hay alguien o algo que demanda de mi atención, para ser honesta me cuesta trabajo ser cortes, paciente y tener la disposición para entregar mi valioso tiempo en cosas que no son mi meta del día, son como los monstruos submarinos de Julio Verne, quieren interponerse en mi camino.

A veces me detengo y uso la balanza, a veces tengo que ceder y darme cuenta que hacia dónde yo iba a lograr mi gran meta no es mi destino del día; a veces tengo que detenerme y escuchar, detenerme y descansar, detenerme y volver a empezar alguna labor olvidada hace mucho tiempo y en esa danza de ir y venir; retomar y dejar, construyo mis desiciones, me doy cuenta simplemente que la vida no es como la planeo; es como debe ser; sin embargo la disciplina y la constancia de la nueva meta final me sorprende con su ineludible contundencia, me susurra “La meta es la vida misma”.

La meta es estar presente, poner atención a las señales del cielo que sabe mucho mejor que yo qué parte he de pulir, qué partes he de abandonar y qué definitivamente tengo que reconstruir. Sigo con grandes metas, trabajo arduamente y me tranquiliza saber que no recae en mi conocimiento, capacidades o sabiduría, el amor de la conciencia eterna e infinita de Dios hace las pequeñas zancadillas que salvan mi espíritu de la necesidad de lograr en mis fuerzas lo que para Él es secundario a la meta de abrazar mi corazón. 

Un abrazo en este año que comienza; te invito a poner mucha atención a los “tropiezos” pueden ser mas importantes que las metas. 

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3 comentarios

  1. Excelente réflexion Birnocha! Su articulo es el reflejo “reflexionado y concientizado” del valor invisible y fugáz del tiempo de cada día. Ese tiempo que se escurre entre los dedos y que define si soy fiel à lo que él me propone: el balance constante entre mi sueño y mi ahora.

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