Somos entes delirantes y amados

Muchos documentales e informes científicos afirman que el mundo no es como nosotros lo percibimos, es como cada uno lo asimila. Las personas no vemos los mismos colores, no captamos los sonidos de la misma manera, no tenemos la misma capacidad física para apreciar la diferencia entre escalar una montaña y una caminata tranquila a las orillas de un río.

Lo que para algunos de nosotros es una hazaña para otros es el pan de cada día. Pensaba en los sherpas del Himalaya o en los nadadores que pescan en las islas de pacífico. De la misma manera a nivel emocional, las personas tenemos percepciones diferentes de quienes somos, cómo somos percibidos y cómo se desarrolla nuestro entorno. Algunas personas tenemos la idea de que somos amos del universo y otras consideramos que todos al rededor nos ven como poca cosa. No es lo mismo el tamaño de un perro para un niño de dos años que para un adulto; algunos podrían afirmar que el pequeño se asusta por el tamaño de sus dientes y que para una persona pequeña un perro puede ser gigante; sin embargo los niños en general no temen muchas cosas hasta que les enseñamos a temer, es entonces cuando ven que el perro puede ser un peligro. La realidad es relativa a las personas que la perciben y expresan en diferentes escenarios de su vida. Los delirios de persecución se parecen a los delirios de grandeza; los complejos de culpa a la baja autoestima. El miedo se parece a la ira y el amor se parece a la paz y a la armonía; a la compasión y a la paciencia. Cada una se puede percibir de forma diferente según como hayamos sido construidos.

Estamos llenos de baches, de juicios de valor, de miedos y de defensas, somos entes delirantes que no podemos percibir la realidad global porque miramos todo desde nuestra pequeña ventana construida sobre limitaciones. Por eso nos perdemos y desorientamos, buscamos y retrocedemos. Confiamos en que hay algo mucho más grande que nosotros. Un Dios con una visión amplia de la creación y que en su mapa contempla nuestra hermosa imperfección como parte de su perfecta creación. Todo esto es una llamada a la armonía. Es verdad, otros no tienen la razón pero probablemente nosotros tampoco. Respetar los caminos y participar en los vidas de otros con amor podría ser un antídoto a la irrealidad colectiva. Ama sin esperar, ama porque te hace bien, ama por que la otra opción es el miedo y el miedo enceguese el alma. 

Únete a la conversación

6 comentarios

  1. Excelente reflexión! Una vista muy real y a la vez lamentable de lo que somos. Lo maravilloso de todo, es que podemos, y somos capaces de transformar esa pequeña ventana, en un enorme ventanal, limpio, tal vez, un poquito empañado, pero por el rocio de la mañana de un nuevo día, no por nuestros prejuicios y temores; y con la mejor de todas las vistas! Una vida agradecida y llena de plenitud y armonía! Gracias🙏

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *