Mudar o cambiar el aspecto, la naturaleza, el estado, etc. de una persona, un animal o una cosa.

Cuando los resultados nos decepcionan pasamos por crisis. Cuando nuestra pareja e hijos son el resultado de la vida y no de nuestra proyección sobre ellos; cuando nuestros amigos ya no son tan buena compañía porque nos hieren con su sola existencia, no soportamos nuestro reflejo en ellos o simplemente porque nos recuerdan nuestro propio fracaso. Cuando todo lo que debía ser perfecto a nuestra imagen y semejanza se convierte en una amenaza a nuestro ego, a nuestra permanencia o a las verdades que siempre defendimos, hay una luz. La Luz del cambio. Tal vez las circunstancias no deban cambiar, tal vez debamos cambiar nosotros frente a ellas; finalmente lo que está en contra nuestra termina estando a nuestro favor, es la única forma que tenemos de encontrar las ventajas de madurar con las experiencias interiores, las que despiertan nuestro sentimientos más fuertes y valores profundos. Podemos ver que llenarnos de juicios nos dejará solos y con arrepentimiento a la hora de dormir.  Gracias a las crisis tenemos la oportunidad de dejar de ser ideales y mutar en personas reales que se confrontan, que abren los ojos y comprenden que la única y última verdad es el amor y sin él solo nos queda darle la bienvenida a las crisis que moldean nuestro corazón. 

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