Estuve hace poco en un evento importante donde conocí muchas personas maravillosas. Estuve muy sorprendida de ver el efecto que tiene la apertura de lo que somos y de cómo nos sentimos hacia otras personas. Generalmente en los encuentros que tienen que ver con nuestro trabajo y todo aquello que nos da “posición” estamos tensos y alerta esperando que los demás perciban justo lo que esperamos que capten de nosotros; que compren una idea o una imagen apropiada de quienes somos y qué representamos. Por alguna razón olvide subir mis escudos, no subí las ventanas ni puse una armadura a mi alrededor que brillara lo suficiente para proyectar una luz que no estaría muy segura de proyectar por mis propios medios. El resultado aún me sorprende y alegra, cuando bajo mis escudos puedo escuchar sin estar tensa por lo que debo responder, puedo decir que hay cosas que no se, puedo contarle a otros cuales son mis miedos y lo más importante, otras personas pueden bajar sus armas y escudos soltar la carga y contar lo que esperan, sueñan, sus miedos y sus fortalezas sin querer aparentar, simplemente siendo maravillosos ellos. Te invito a bajar tus escudos más a menudo es la forma de sobrevivir y crecer en compañía, amistad y aprecio en cualquier campo. Con tu familia, con tus colegas, amigos y hasta competidores. Abre la puerta te sorprenderás de lo que puede entrar y puede salir.

Únete a la conversación

2 comentarios

  1. Que liberador es bajar esos escudos, nos permite ver quienes somos y a quienes están a nuestro alrededor

  2. Es así. Paramahansa Yogananda decía que cuando un@ reacciona a las situaciones de primerazo, de forma espontánea, está mostrando su inocencia y lo que hay en su corazón, a diferencia de actuar y responder de manera premeditada o esperando un tiempo ya que eso da espacio a que “otros” sentimientos o intereses intervengan.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *