Estoy en el pequeño laguito que tiene Aleste viendo el azul del cielo. El lago realmente no es azul pero se ve una parte azul.  Así como el lago, nosotros podemos reflejar algo que no nos pertenece, se ve bien, es aceptado y podemos ser juzgados y admirados por eso. El azul que se ve en el lago le pertenece a algo más alto que el humilde laguito pero el lago tiene la superficie que lo refleja, cuando caiga la noche ya no será más azul, tendrá otros reflejos. Qué difícil debe ser para el lago saber que le pertenece y que no, el agua siempre refleja algo ajeno.  Creo que las personas podemos ser como lagos; reflejamos cosas que no nos pertenecen. Tal vez el reflejo logrará que nos aprecien por las imágenes de la superficie pero como con el lago cuando llega la oscuridad la imagen se acaba.  Reflejaremos lo que tenemos cerca; la gran diferencia con este laguito es que nosotros nos podemos mover hacia lo que queremos reflejar y en algún punto enfocarnos tan seriamente en algo que podemos generar nuestro propio reflejo.  Como en un espejo, la imagen está vacía, si le damos la vuelta, no es más que una lámina de vidrio; si tapáramos la luz el laguito, no se vería más; sin embargo el laguito es real sin importar si refleja algo o no. Creo que si no estamos atentos nos podemos preocupar más por el reflejo que por el contenido. Lo más lindo de este laguito es la paz con la que refleja. Nosotros podemos reflejar con una angustia interna que ni si quiera sabemos de dónde proviene, queremos abrazar la imagen y a veces abandonamos nuestra realidad en el intento. Amo este laguito tenemos mucho en común.

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