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Me caí

posted on December 3rd 2018 in Perspectiva with 0 Comments

Los que conocen Aleste saben que tanto es camino hacia arriba y por obvias razones también es camino hacia abajo. Como lo hago frecuentemente estaba aprovechando e tiempo el sábado en una poda profunda en un muy inclinado jardín. Hice maromas para sostener las tijeras, halar las ramas, botar los residuos tratando de no caer, cada vez me agache mas, la tensión en el cuello y la espalda cada vez más fuerte, entonces caí, para mi sorpresa no fueron más de cinco centímetros. Note que hay varias formas de estar en el suelo: Una es siendo absolutamente inconsciente de lo cerca que estoy del piso, realmente entre toda esa tensión uno no se mueve, se arrastra, hay algún tipo de miedo en caer, sobre todo en esas superficies tan inclinadas, uno no sabe a dónde puede ir a parar y donde hay tantas hojas que no te dejan ver el suelo, puede haber cualquier cantidad de cosas ahí, aunque yo las conozco o creo que las conozco no se porque yo ahí sola luchaba tanto por creer que de alguna manera era mejor sostenerme a cualquier precio.  Confieso que me hubiera dado mucha pena que alguien me viera caer y lo que podría pensar de mí. También podría caer, recoger mis herramientas y dejar todo ahí. Podría pensar que ya hice suficiente y esto es muy difícil para mí. Por Dios no soy una niña para andar saltando de rama en rama. Otra forma es caer y descansar. El suelo lleno de hojas era un colchón maravilloso y siempre estuvo ahí. Lo deje de ver como una amenaza con bichitos desconocidos y lo vi como algo pensado para recibirme cuando quisiera soltar el control. Lo más maravilloso fue que me dio mucha risa imaginarme a mí misma haciendo toda clase de malabares cuando realmente el mejor paso era aceptar que hacía tiempo que estaba caída y que de ahí en adelante todo esfuerzo me llevaría un poco más arriba. Me he caído muchas veces en muchas áreas de mi vida y por alguna gracia celestial he tenido amorosos colchones que reciben mi corazón desolado. Con el tiempo he aprendido que también puedo descansar para tomar fuerzas; me doy permiso para reírme de mi propia lucha valorándola y poder emprender el camino que me lleve nuevamente hacia arriba. Cuando me levanto nunca es igual; así entendí que cada  levantada es un nuevo camino y que no he sido la misma persona cuando me caigo que cuando me levanto. Cómo te va a ti? Si sabes reconocer cuando te has caído?

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