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Ocultos bajo la piedra

posted on October 9th 2017 in Madurez with 0 Comments

Cuando suena el teléfono y nos dice que es el Dirección de Impuestos y Aduanas  Nacionales DIAN, se nos disparan todas las alarmas, de ellos no queremos ni las gracias. Cuando llaman del laboratorio y dicen que es mejor repetir la prueba, cuando esa foto que no queremos que nadie vea, aparece muy comentada en Facebook o cuando llegan y llegan facturas que se acumulan en una mesita sin abrir. Quisiéramos ser muy, muy chiquitos y caber bajo cualquier piedra, ocultarnos como si eso hiciera desaparecer la angustia. 

Para nuestro infortunio, esas cosas no pasan de largo, los sobres con los cobros seguirán llegando, la deuda no desaparece de los sistemas y un día alguien podrá llamar a la puerta con una orden judicial.  Así evitemos abrir los nuevos resultados, probablemente el diagnostico no cambiará y aunque preferiríamos desaparecer; la DIAN seguirá buscándonos.  El temor a confrontar es algo común a todos, el incómodo silencio en la familia cuando hay alguien en problemas que todos saben y nadie dice en voz alta, eso que nos hace sentir que todos critican pero ninguno brinda apoyo, es mejor guardar un incomodo silencio con alguien que vive con nosotros por años antes de admitir un error, pedir perdón o algo tan sencillo como preguntar y estar dispuestos a escuchar sin defendernos o peor aún, ofenderlos.

La honestidad es subversiva escuche ayer en palabras de alguien famoso y pensé que estoy de acuerdo en un alto porcentaje; sin embargo,  lo más difícil es no confundir la honestidad con el sarcasmo y mezclarlos hábilmente.  Eso es cobarde.  La honestidad debe venir con amor por otros, sin expectativas a mi favor únicamente.  Somos débiles y nos ufanamos hasta de la humildad.

Y si somos honestos y ponemos la cara; si finalmente le preguntamos a papá o a un hijo; cómo le podemos ayudar, si damos la cara al banco y decimos: aquí estoy, qué puedo hacer para solucionar esto? si le decimos a nuestra pareja que la hemos visto llorar por ahí o que sabemos que hay algo detrás de los largos silencios. Porque hay silencios de silencios, unos son livianos y refrescantes, otros son una pesada carga que no nos deja ni respirar.

Ocultos bajo la piedra no podremos solucionar nada, se seguirán acumulando el remordimiento y la vergüenza, se transformarán en ira y la ira nos dejará más solos.

Plantar batalla ante nosotros mismos es un gran reto, sin piedras que nos oculten, ni silencios que nos aplasten.

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